Te encuentro tan perpleja, con angustia y confusión,
que déjame que me presente: soy tu alzheimer. Una auténtica
pesadilla, la muerte en vida, la pérdida absoluta del
ser. Destruiré gradualmente tus células cerebrales para que
pierdas tus afectos, tus emociones, tus actividades más simples
y primarias. Olvidarás tus citas, tus llamadas telefónicas,
los nombres de las personas queridas.
Me manifestaré de forma insidiosa, lenta y progresiva.
Cambiaré bruscamente tu humor, abandonarás rus aficiones,
tu mirada se perderá.
Te provocaré una mayor alteración, desorientación y espontaneidad;
falta de comprensión, dificultad para leer, carencia
de coordinación.
Reaccionarás desmesuradamente, incluso agresivamente
con respecto al motivo desencadenante.
En esa última fase, donde todo se presenta con un absoluto
mutismo, estupor y rigidez muscular, sólo te permitiré
percibir una caricia, una mirada, el afecto y la ternura; pero
no darás muestra de ello.
Soy tan fuerte, tan potente que no sólo te destruiré a ti.
Las personas que se encarguen de tu cuidado a menudo
se sentirán agotadas y desesperanzadas, verán que la persona
a la que quieren y ayudan se va consumiendo día a día,
sin que nada ni nadie pueda detenerme ni evitarme. Me rechazarán
y negarán.
Sufrirán numerosos cambios en su vida. Su fuerza vital
se irá desgastando, se sentirán cansados y doloridos.
Demasiadas decisiones, demasiadas preocupaciones, demasiadas
frustraciones.
Después de recorrer contigo el camino de tus últimos
años de vida, sólo yo llegare a la meta, yo seré el vencedor.
|