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Publicado: año
2000
PSICOTERAPIA EN EL ANCIANO
Psicogerontóloga |
Las psicoterapias en el anciano
pueden cosechar un éxito
inmediato, venciendo su nihilismo
y cansancio psíquico y emocional
crónicos. De esta forma podemos
conseguir dar un sentido al «sinsentido» de la vida, apartando
al anciano de ese punto de fuga
cínico que es la muerte. La
psicoterapia de la vejez trata de
il uminar la fantasmagórica realidad
del anciano generando un nuevo
amanecer de felicidad |
En España las personas mayores de 65 años se acercarán
a seis millones en este año 2000 (el 15% de la población
aproximadamente). Gran parte experimenta algún
problema de salud o deterioro físico y alrededor de
una cuarta parte padece algún tipo de trastorno o problema
psicológico, tal como ansiedad, deterioro cognitivo,
alteraciones de conducta, depresión o abuso de
sustancias (alcohol, medicamentos, etc.) entre los más
frecuentes.
Ya desde los años sesenta empieza a tener
relevancia clínica el problema de que la interacción social
disminuye con la edad, lo que supone un impacto
en el estado anímico y cognitivo de la población anciana,
que aboca en muchos casos a trastornos de depresión
y deterioro cognitivo.
En este sentido (Carstensen y Edelstein, 1990), partiendo
de la observación empírica de datos experimentales
y clínicos, sugieren dos puntos de vista contrapuestos:
la teoría de la desvinculación y la teoría de la actividad.
Según la primera (basada en la teoría fundamental de la
sociología), la desvinculación sería una respuesta preparatoria
a la muerte inminente del individuo anciano.
Además, la teoría de la desvinculación supone que la
sociedad libera al anciano de las responsabilidades sociales
imponiendo el anciano a su vez una distancia psicológica
en las relaciones sociales: el abandono social
sería mutuo, social y de adaptación. Cumming y Henry
(1961) defendieron que el aislamiento es, pues, ineludible
y representa una disociación gradual de la vida, puesto
que la muerte es inevitable. Sin embargo, en revisiones
posteriores, Neugarten, Havighurst y Tobin (1968) encontraron
que la desvinculación psicológica no coincidía
con la expresión social de abandono, en concreto la
jubilación, sino que la precedía en aproximadamente
diez años; también declararon que la desvinculación
describía el proceso de envejecimiento sólo para ciertos
tipos de personalidad.
Desde el punto de vista de la segunda teoría, los ancianos
deberían permanecer activos y comprometidos para
poder ajustarse correctamente a la edad avanzada. No
es una teoría formal y al contrario se opone a la teoría
de la desvinculación. Maddox (1963, 1968) mantenía
que un ajuste psicológico óptimo comporta un compromiso
social que trasciende en las etapas avanzadas de la
vida. También afirmaba que la disminución en la interacción
social no se inicia mutuamente, sino que viene
impuesta externamente: es el resultado desafortunado
70 50
de un declive de la salud, una disminución del número
de roles sociales y las muertes de amigos y parientes.
De acuerdo con esta teoría, los ancianos psicológicamente
sanos son los que permanecen activos a pesar de
sus pérdidas. que reemplazan apoyos y roles perdidos
por otros nuevos y que mantienen, tanto tiempo como
pueden, la actividad en roles perdurables.
Por otro lado, otra implicación potencial de la inactividad
social es la soledad. En efecto, Comfort (1984) manifiesta
que la soledad es «estar sólo cuando uno no
quiere». En realidad es dudoso que la soledad sea más
común en los últimos años de la vida que en la juventud
o en la madurez, si exceptuamos dos de las causas que
la ocasionan: de un lado, la aflicción por la muerte de
un ser querido (teniendo además en cuenta que salidas
tales como el trabajo activo, que podían mitigar la pena,
quedan cerradas en la ancianidad). De otro, la enfermedad;
la mayoría de las personas mayores que se quejan
de soledad están en realidad enfermas: unas psicológica
y otras físicamente.
Siguiendo las exposiciones de Carstensen y Edelstein
(1990), en un estudio sobre la soledad se puso de
qmuea lasn piefriseonsast cour¬iosamente «menosolitarias»
tenían 65 años o más y además mencionaron mayores
satisfacciones familiares y sociales. Pero, sin duda, el
aspecto más importante de la soledad es posiblemente
la pérdida de un vínculo afectivo íntimo. En este sentido,
Revenson (1984) pudo demostrar que la soledad se
correlaciona inversamente con el grado de integración
sociofamiliar.
En este sentido, también Comfort (1984:246) manifestó
lo siguiente: «Si se esperara de las personas mayores que trabajasen
y se les permitiese que lo hicieran evitaríamos ciertamente
una gran cantidad de infelicidad, E! trabajo, a no
ser que se realice totalmente en solitario, es el antídoto
natural de la soledad, y (si seguimos insistiendo en
mantener a la gente «jubilada» como grupo segregado)
el mejor remedio para la soledad después del trabajo sería
el desarrollo de centros para personas mayores donde
dispongan de algo más que de clases de cerámica y
costura y mejor, a ser posible, organizaciones para la
defensa de sus propios derechos; y aún sería mejor todavía
si fueran para todo tipo de personas sin mantener
estúpidos límites de edad en lugar de colectivos exclusivos
de ersonas mayores. Pero por algo hay que empezar ».
De otro lado, Montorio et al (1999) consideran que la
depresión puede ser una manifestación predominante
de un problema de ajuste, es decir, una reacción excesiva
a estresores psicosociales específicos. En efecto, hay
una evidencia de que las personas mayores reaccionan
al estrés (teniendo en cuenta la cantidad de cambios y
estresores a los que tienen que adaptarse) con sentimientos
de depresión, mientras que en adultos más jóyenes
es más probable que presenten un cuadro de excitación
o ansiedad (Allen y Blazer, 1991). Asimismo
hay una relación recíproca entre el estilo cognitivo de la
persona deprimida y su funcionamiento interpersonal.
Así pues, el anciano deprimido tiene tendencia a centrarse
y atender más los aspectos negativos de su entorno
que los positivos. Probablemente no se trata de una
distorsión cognitiva, sino que son aspectos negativos
reales a los que prestan más atención y por ello son más
vulnerables para procesarlos, justamente todo lo contrario
de lo que sucede con los aspectos positivos de su vida.
Esta erspectiva fortalece la sintomatología de la
depresión, haciéndose más negativo y aversivo ante los
otros, lo cual, a su vez, estimula el rechazo o la ambivalencia
de los demás y al mismo tiempo esta conducta es
percibida de modo muy negativo por el anciano deprimido.
Ello da lugar a una exacerbación de los síntomas,
estableciendo una interacción social muy negativa o
disminuyéndola hasta el punto de extinguirla, lo que
aboca finalmente en el aislamiento social.
Otros autores observaron (Bennett, 1968; Tec y Granick
[Bennettl, 1959; Weinstock y Bennett, 1971) que los
ancianos que ya estaban aislados antes de ingresar en
una residencia geriátrica presentaban una gran dificultad
para interactuar con sus compañeros y con el personal
frente a otros ancianos que no estaban aislados ya
antes del ingreso residencial. Por tanto, y de acuerdo
con Bennett (1980), el aislamiento social es el resultado
de la desocialización y se traduce en múltiples trastornos
emocionales.
En consecuencia, los ancianos inactivos y
aislados se vuelven menos capaces socialmente y, por
tanto, presentan un mayor riesgo psicopatológico de problemas
interpersonales y emocionales que pueden activar
el deterioro cognitivo y especialmente la depresión.
Precisamente un método especialmente útil e interesante
para combatir este deterioro cognitivo y anímico del
anciano es el desarrollo y estímulo de las habilidades
sociales (HHSS) (Caballo, 1997), de tal suerte que la
potenciación de la conducta social, la expresión de los
sentimientos, actitudes, deseos, opiniones y derechos
produce en última instancia una mejoría de la satisfacción
personal y social, así como de la autoestima. La
implantación de programas de HHSS se configuran cada
vez más como instrumentos terapéuticos útiles para
moderar la inhibición, la agresividad, la anhedonia y la
ansiedad psicopatológica del anciano.
Algunas características definitorias de estas habilidades
serían las siguientes: la conducta socialmente habilidosa
es situacionalmente específica; el objetivo principal
es obtener o mantener reforzamiento consecuencias
agradables o deseables o eliminación de consecuencias
desagradables o indeseables) del ambiente; produce satisfacción
personal y social.
La asertividad se incluye dentro de las HHSS como un
aspecto diferencial de las mismas. Comprende la capa-
53 J. A. Flórez Lozano y M. J. Gonzalez Sobejano—Psicoterapia en el anciano 71
Salud publica.
Psicoterapia en el anciano
cidad de la persona para expresar pensamientos, sentimientos,
defender sus derechos respetando los de los
demás y actuar, según su interés, sin agresividad, inhibición
o ansiedad excesiva.
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2. Modelos de intervención Psicoterapéutica Subir
Hasta el momento presente las actuaciones psicoterapéuticas
en relación al anciano han sido muy limitadas
en el ámbito de la salud y de la prevención del deterioro
físico y mental. No obstante, según Knight y S. Fox
(Montorio et al, 1999) la terapia conductual es perfectamente
adecuada para aplicarla en la edad avanzada e
incluso las técnicas conductuales resultan más aceptables
a las personas mayores que la medicación psicotrópica
(Burgio et al, 1995).
Asimismo también parece
clara la defensa de la intervención psicológica frente a la farmacológica (Steuer et al, 1984) dado que no presenta
los graves inconvenientes asociados a los psicofármacos
en la edad avanzada: incompatibilidad con
otros fármacos necesarios para la mejoría de trastornos
físicos importantes, aumento del número de caídas y de
fractura de cadera asociadas a éstos, incomodidades y
molestias por las posibles consecuencias secundarias
(efectos anticolinérgicos de los tricíclicos frecuentes y
en principio peligrosos en esta población, aumento de la
confusión mental, problemas urinarios importantes, etc.).
Por otra parte, lo aproximación conductual se ajusta especialmente
bien a los exclusivas necesidades de los ancianos
con deterioro cognitivo. Aunque las personas
con una demencia severa pueden no entender ni recordar
terapias cognitivas, responden perfectamente a los
paradigmas de condicionamiento clásico y operante. Al
mismo tiempo, la universalidad del paradigma conductual
se encuentra demostrada por el hecho de que los
tratamientos conductuales son de los más efectivos y
utilizados con adultos de todas las edades para múltiples
problemas, como la depresión, la ansiedad, el afrontamiento
del dolor, el insomnio, etc.
La posibilidad de realizar cambios en el funcionamiento
personal de los ancianos se ve avalada por la efectividad
de las terapias psicológicas aplicadas hasta el momento
con ellos. Como expone De Miguel (1999), el
objetivo general de las terapias psicológicas es resolver
problemas psicológicos, entendiendo por ellos, en términos
generales, las dificultades que tiene una persona
en sus relaciones con otros, en la percepción que tiene
del mundo en relación consigo misma o en sus actitudes
hacia sí misma.
En palabras de Kanfer y Goldstein
(1986) los problemas psicológicos se caracterizan por
sentimientos de ansiedad, insatisfacción con la propia
conducta, excesiva atención sobre el área problemática,
ineficacia para conseguir las metas deseadas o incapacidad
para funcionar de forma eficaz en las áreas psicológicas.
El objetivo del gerontopsicólogo es ayudar al anchino
a solucionar los problemas psicológicos que surjan
de modo que cambie para mejor, desarrollando sus
potenciales al máximo para poder acceder de este modo
a los oportunidades que le brinda su ambiente.
A las terapias
conductuales subyace el supuesto de que todas
las conductas humanas son aprendidas y susceptibles de
modificación, por lo que siempre que exista una causa
biológica responsable de un problema ha de actuarse
desde la medicina y sólo desde eI punto de vista psicológico,
en aquellos casos donde sea necesario un nuevo
aprendizaje, bien para adquirir nuevos hábitos o bien
para eliminar los existentes que provocan malestar a la
persona. Asimismo, las terapias cognitivas tienen como
raíz común el considerar que las emociones y la conducta
son principalmente una función de cómo se construyen
los sucesos ambientales.
La implicación terapéutica
es lograr una mejora, al menos, en algunos problemas
humanos, modificando directamente las construcciones
que tienen las personas de su mundo. El terapeuta intenta
ayudar al aciente para que sea consciente de las
creencias, temas actuales, asuntos escondidos y nietas
personales (estructuras cognitivas) que influyen en cómo
valora y cómo proceso eventos. En concreto, respecto
a la interacción social (Yanguas et al, 1998) se ha
de ser consciente de la importancia que tiene el carácter
que la interpretación y vivencia subjetiva imprime a los
hechos y las conductas.
Es indispensable, pues, intervenir
sobre esas interpretaciones y representaciones sociocognitivas
y trabajar sobre las atribuciones que de
ellas se hacen a temas referentes como la convivencia y
relaciones, la actividad, satisfacción y salud entre otros,
analizando los diferentes tópicos en relación a estos termas,
identificándolos, rebatiéndolos y generando alternativas
de forma que se vea que otras formas de pensar
son más reales y productivas para el bienestar y la salud.
Cuando un psicólogo clínico ha aprendido ambos grupos
de terapias es bastante difícil que utilice una de
ellas de forma pura, es decir, sin recurrir a ninguna
de las técnicas del otro grupo, pues ambas no deberían
considerarse como incompatibles, sino, todo lo contrario,
como complementarias.
La efectividad de las experiencias
terapéuticas, tanto individuales como de grupo,
aunque escasas todavía, se avala por los logros obtenidos. |
3. Adaptación de terapias Subir
Es altamente beneficioso y favorable realizar pequeñas
modificaciones en la estructura de las terapias en función
de los déficits sensoriales y fragilidad emocional
de los ancianos. Dado que todos los comportamientos
humanos son aprendidos y por tanto modificables, los
ancianos son perfectamente capaces de aprender. Como
escribe Kalish (1983:61):
72 Medicina Integral, Vol. 36, Núm. 2, Junio 2000 54
Salud publica.
Psicoterapia en el anciano «Los estereotipos populares de las personas mayores
sugieren que éstos encuentran el aprendizaje como una
dificultad en general y el aprendizaje de las nuevas ideas
y técnicas virtualmente imposible, pero con muchos estereotipos
relacionados con la edad, éste ha sido también
desacreditado tanto por la investigación como por
la observación directa.
Las personas mayores son altamente
capaces de aprender, pudiendo ser también receptivas
a nuevas ideas y capaces de aprender nuevas
técnicas. Los factores emocionales, no obstante, sobre todo
el temor de que las propias acciones no sean aceptadas
por otros, hacen que se paralice la propia actividad».
Y como señalan Montorio et al (1999), con el paso de
la edad se presenta una tendencia a tener un concepto
negativo de la propia competencia, creencia que se exacerba
en el caso de los pacientes deprimidos. Clauss y
Hiebsch (1961) partiendo de concepto de aprendizaje
como modificación del comportamiento determinada
por la experiencia comprueban que el aprendizaje no se
limita a ningún sector del desarrollo humano. Ya el lactante
adquiere experiencias, es decir, aprende.
El anciano
amplía su caudal de experiencias, también él aprende.
De todas maneras se advierten determinadas reestructuraciones cualitativas en el proceso de aprendizaje, como
una creciente importancia de la motivación, cierto modo
de presentación de los contenidos de aprendizaje, de claridad,
pero «los mecanismos del proceso de aprendizaje
son, sin embargo, relativamente iguales que en cualquier
otra edad» (Lowe, 1971:39; Aebli, 1961:14).
Desde el punto de vista de la intervención psicoterapéutica
y clínica, Thompson (1996) advierte que para mantener
un proceso de aprendizaje activo en la terapia
cognitivo-conductual las sesiones deben ser altamente
estructuradas.
A los pacientes ancianos se les deben pedir
frecuentemente resúmenes de la sesión entrenada, la
cual no debe de presentar contenidos complejos e incluso
debe ser adaptada para este tipo especifico de población.
Asimismo, según Andrés y Bas (Montorio et al, 1999),
debido a algunas dificultades de atención, en la terapia
cognitivo-conductual con ancianos se recomienda que
la duración de la sesión se decida según las características
individuales de cada caso y/o la utilización de técnicas
de relajación para disminuir las dificultades de concentración
debidas a la ansiedad (Perris, 1990).
Ante la resistencia
de los pacientes a ensayar nuevas conductas o
a implicarse en actividades nuevas, el terapeuta debe
ser asertivo y reestructurar las creencias o estereotipos
que «justifican» el no ensayar comportamientos nuevos
o el no implicarse en las tareas para casa.
Es particularmente importante, como expone Montorio et
al (1999) el manejo de la ansiedad en las personas de
edad avanzada. Las pérdidas asociadas a la última etapa
de la vida requieren una readaptación psicológica que implica
que las personas mayores deban manejar la ansiedad
de interactuar ante nuevas configuraciones estimulares
más aversivas que gratificantes, tales como: situaciones
estresantes crónicas o cotidianas, enfermedad propia o del
cónyuge, déficits sensoriales, muerte o duelo, jubilación,
problemas familiares, problemas económicos, traslado a
una residencia, además de las ya existentes. |
4. Técnicas psicoterapéuticas más utilizadas Subir
Técnicas de control de la ansiedad: respiración
y relajación rogresivas simplificada de Jacobson
(Cautela y Groden, 1985)
La respiración se utiliza como complemento a la relajación
e incluida en ésta.
Respiración
Un adecuado control de la respiración es una de las estrategias
más sencillas para manejar los aumentos en la
activación fisiológica. Una respiración adecuada hace
posible una mejor oxigenación del organismo, con el
consiguiente incremento del porcentaje de oxígeno en
la sangre, lo que, por un lado, favorece un mejor funcionamiento
de los tejidos y órganos corporales, y por
otro, un menor gasto energético, en especial un menor
trabajo cardíaco; esto dificulta la aparición de fatiga, así
como la de malestar o incomodidad.
Por el contrario,
una respiración inadecuada que consiga un menor volumen
de oxígeno en cada inspiración puede suponer un
menor porcentaje de oxígeno en la sangre, dificultando
la correcta xigenación de los tejidos y provocando un
mayor trabajo cardíaco (hay que hacer llegar más cantidad
de sangre al estar ésta menos oxigenada) y una intoxicación
general del organismo mayor.
Los ejercicios dirigidos a mejorar la respiración permiten
aprender a controlarla y en consecuencia favorecen
la aparición de los beneficios asociados a una buena
oxigenación, entre ellos, además de ayudar al control
de la activación fisiológica, la reducción de la tensión
muscular, la irritabilidad, la fatiga, la ansiedad, etc., en
general ayudan a conseguir una sensación de tranquilidad
y bienestar. Obviamente, dado que los pulmones no
pueden moverse, la forma de respirar depende directamente
del movimiento de los músculos intercostales y
del diafragma, que permiten que se expandan los pulmones
y pueda entrar aire en ellos.
En esto consiste el
aprendizaje de una respiración adecuada, y es necesario
aprender a hacerlo también con zonas más inferiores
como la estomacal y la ventral, es decir, utilizando también
los músculos abdominales. El entrenamiento empieza
por dividir la respiración en tres partes (ventral,
estomacal y pectoral) para llegar a una respiración continua
y profunda.
Relajación
Por otra parte, aunque se tienda a definir la relajación
por referencia exclusivamente a su correlato fisiológico
74 Medicina Integral, Vol. 36, Núm. 2, Junio 2000 56
Salud publica. Psicoterapia en el anciano
(ausencia de tensión muscular), realmente constituye un
proceso psicofisiológico de carácter interactivo donde
lo fisiológico y lo psicológico no son simples correlatos
uno del otro, sino que ambos interactúan, siendo partes
integrantes del proceso como causa y como producto.
La activación fisiológica es inespecífica, siendo su
principal mecanismo de acción la activación del sistema
nervioso simpático: la rama simpática del sistema
nervioso autónomo es la responsable de los cambios
fisiológicos presentes en las emociones; su función es
preparar al organismo desde el punto de vista energético;
proporcionándole el aporte sanguíneo necesario
para actuar de forma adaptativa ante las demandas ambientales.
Por el contrario, en los estados de tranquilidad
y quiescencia (como en el caso de la relajación) el
nivel de activación fisiológica se supone mínimo,
siendo su principal mecanismo de acción la activación
del sistema nervioso parasimpático, cuya función es
de signo contrario, conservar la energía del organismo.
Ambas ramas actúan según el principio de inhibición
recíproca, así cuando una se activa, la otra se inhibe
y viceversa.
En realidad la relajación no es un estado general caracterizado
por un nivel de activación fisiológica mínima,
sino un estado específico caracterizado por un patrón
de activación fisiológica distinto u opuesto al de las
emociones intensas. De esta manera si sus músculos están
relajados, se sentirán relajados.
De entre las muchas ventajas que se derivan de la relajación,
he aquí una muestra de ellas:
1) Al reducir la ansiedad reduce problemas de conducta
que son consecuencias de aquélla, y al reducir estas
conductas socialmente inaceptables puede producir
también un mayor sentimiento de normalidad, mejorando
al autoconcepto y proporcionando un mayor sentimiento
de autoestima.
2) Ayuda a reducir conductas que interfieen durante el
aprendizaje.
3) Aumenta el bienestar físico (al tensar y destensar los
músculos) incrementando cl tono muscular y desarrollando
un mejor control sensorinmotor.
4) Puede dar por resultado un mejor autoconcepto y un
mayor sentimiento de autoestima, dado que los ancianos
muestran frecuentemente respuestas de turbación y
ti midez cuando se ven expuestos a la observación de
otros ancianos, si tienen que scenificar o practicar una
situación en público.
Su entrenamiento consiste en aprender a relajar los
músculos de todo el cuerpo por partes, pero progresivamente;
para ello se van tensando y destensando deliberadamente,
ya que la base de la técnica es precisamente
aprender a distinguir las sensaciones de tensión
de las de relajación, es decir, darse cuenta de cuándo un
músculo está tensado o agarrotado y aprender a relajarlo
o distenderlo.
Técnicas cognitivas: terapia racional emotiva
La premisa básica de la terapia racional emotiva (TRE)
(Ellis, 1980; Ellis y Grieger, 1981) es que las personas
controlan en gran parte sus propios destinos creyendo y
actuando según los valores y creencias que tienen. En la
sociedad existente, la familia y otras instituciones directa
o indirectamente nos adoctrinan de tal forma que llegamos
a creer en cantidad de ideas supersiticiosas o sin
sentido; esta idea ha sido documentada desde antiguo
por sociólogos y antropólogos.
Cuber, Harper y Kenkel
(1956) trataron de forma incisiva el tema de «la antigua
aceptación no racional de posiciones de valor» alegando
que sólo son asumidas como valores «buenos» pero
rara vez son revisados o cuestionados de forma seria
por los que se ocupan de meterlo en la cabeza de los niños
a fuerza de repetirlo. Las creencias irracionales básicas
constituyen la mayor parte de los casos de perturbación
emocional, así las personas se crean sus propias
ansiedades, culpabilidades, depresiones y enfados por
las ideas o creencias irracionales que defienden.
El tema central de esta terapia es que los diferentes tipos
de ideas irracionales básicas (mitos o estereotipos para
los ancianos) y las creencias que de ellas se derivan son
el origen básico de la mayoría de las perturbaciones
emocionales. Por una vez que un ser humano se crea todos
los sinsentidos que incluyen esas ideas, inevitablemente,
tenderá a sentirse inhibido, hostil, defensivo,
culpable, ansioso, agresivo, ineficaz, inactivo, descontrolado
o desgraciado. Por otro lado, si pudiera liberarse
de estos pensamientos ilógicos fundamentales sería
muy difícil para él llegar a sentirse tan alterado emocionalmente
o mantener esta perturbación durante un período
de tiempo largo.
Así pues, el objetivo de la terapia es inducir al anciano
a que deje estos pensamientos irracionales, así como
también los comportamientos autodestructivos consigo
mismo y en sus relaciones con los demás y a potenciar
al máximo su forma racional de pensar y de crecer.
Dado que el pensamiento crea la emoción, fa metodología
básica de la TRE consiste en que dentro de una técnica
verbalmente activa y didáctica el terapeuta utilice
plenamente el método socrático de discutir para debatir
las creencias irracionales del anciano. Primero hay que
lograr que las identifique o reconozca, después las examine
y por fin las abandone, adaptándose a sus déficits
cognitivos y siendo lo más claro y simple posible.
Básicamente se hacen tres tipos de preguntas:
1) Las que intentan evaluar la evidencia, la consistencia
lógica y la claridad semántica.
2) Las que intentan evaluar si las consecuencias serían
tan terribles suponiendo que las cosas son como ellos
dicen (estereotipos, mitos, etc.).
3) Preguntas que intentan analizar a qué conduce pensar
de esa forma.
57 J. A. Flórez Lozano y M. J. Gonzalez Sobejano—Psicoterapia en el anciano 75
r
Salud publica.
Psicoterapia en el anciano
Por otro lado, interesa destacar que en la psicoterapia
con ancianos es más efectiva la terapia de grupo. Varios
miembros de un grupo normalmente son más eficaces
que un solo terapeuta para hacer ver al anciano su actitud «dictatorial» y además pueden reconocer más fácilmente
sus manifestaciones en otros y se pueden ayudar
mutuamente en el intento de solución.
En un grupo se
crean a veces unas condiciones más favorables que con
un solo terapeuta para cuestionar, contradecir y atacar
las cogniciones irracionales y desviadas; por ejemplo,
cuando varios dicen lo mismo desde diferentes puntos
de vista le produce al anciano un enorme impacto. Además
reciben un valioso feedback en el grupo, adquieren
una mayor confianza en sí mismos al aceptarse como
son y también se dan cuenta de la mala impresión que
causan en los demás algunos de sus comportamientos y
aprenden a cambiarlos.
Técnicas de aprendizaje
Modelado
Consiste en presentar una serie de escenas en vivo representadas
por el psicoterapeuta o por algún miembro
del grupo. A través de esta escenificación se expone a
la persona la conducta objetivo de entrenamiento, permitiéndole
el aprendizaje observacional de ese modo de
actuación (Caballo, 1997; Yanguas et al, 1998).
Ensayo de conducta
Se invita a los participantes del grupo a que representen
escenas cortas que simulen situaciones de la vida real.
La persona describirá brevemente la situación, el problema
que le preocupa y las personas implicadas. Se
elige a alguien que simule a las personas de la vida real.
Al final se evalúa entre todos la efectividad de la respuesta.
También en la utilización de estas técnicas de
modificación de conducta (tales como el entrenamiento
en asertividad, correr riesgos en vivo, etc.) la mayoría
de las veces son más eficaces si se llevan acabo en grupo
(Caballo, 1997; Yanguas et al, 1998).
Instrucciones
Se proporciona información sobre el programa de entrenamiento.
Se aporta a las personas información explícita
sobre la naturaleza y el grado de discrepancia
entre su ejecución y el criterio; esto es, incidimos en aspectos
mejorables de la conducta realizada. Se expresa
cuál puede ser la conducta más apropiada (Caballo,
1997; Yanguas et al, 1998).
Retroalimentación
Después de cada representación se ayuda al anciano,
entre todos, a que descubra el desarrollo de su actuación.
Es importante que escuche las opiniones de todos
y que éstas sean positivas y se presenten de forma beneficiosa.
Una opinión negativa debe seguirse de un comentario
relacionado a cómo solucionar un fallo específico.
Este es también un valioso feedback al aceptarse
como son sin importarles ya tanto «si actúan bien o
mal» (Caballo, 1997; Yanguas et al, 1998).
Reforzamiento
Después de la evaluación de las conductas se aporta refuerzo
social (halago, aprobación, aliento). Su función
es aumentar la frecuencia de esa respuesta. Se debe enseñar
a que la misma persona se autorreconipense, se
premie, cada vez que practique bien sus HHSS (Caballo,
1997; Yanguas et al, 1998).
Habituación y generalización
Responder de igual forma ante situaciones parecidas a
las entrenadas de una manera automática. Sería la extensión
a la vida cotidiana de las habilidades aprendidas como
una costumbre o actitud más ante las situaciones interrelacionadas
diarias (Caballo, 1997; Yanguas et al, 1998).
En definitiva consideramos que las técnicas psicoterapéuticas,
en concreto los programas de entrenamiento
en habilidades sociales, son eficaces para corregir o al
menos mejorar en gran medida problemas cognitivos y
emocionales, especialmente la depresión. Pueden ser,
por tanto, una herramienta muy útil para el médico de
Atención Primaria y para el gerontólogo al efecto
de paliar este tipo de trastornos tan comunes en la población
anciana. El saber proporciona en última instancia
un ideal de vida correcto que permite al anciano discriminar
y modificar en consecuencia actitudes y conductas
incompatibles con su salud y su bienestar psicofísico.
La clínica, la observación rigurosa y el seguimiento
de los ancianos sometidos a este tipo de intervención
psicoterapéutica nos indica que existe una serie de efectos
terapéuticos fundamentales. La pertinencia de estas
técnicas es indiscutible. Sin embargo, hay que subrayar
que exige mucho tiempo, esfuerzo y motivación para
conseguir movilizar el dinamismo psíquico del anciano
anquilosado muchas veces en un lento languidécer y
declinar psíquico. |
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